martes, 30 de junio de 2015

Delirio nº1

Siento envidia de la guitarra que abrazas,
de las cuerdas que rasgas con soltura
de emociones desgarradas.
Siento envidia de las palabras que pronuncias
y que acarician tus labios empapadas de tu aroma y tu saliva.
Siento envidia de las marcas de los años en tu frente
pues te acompañarán para siempre
y te harán cada vez más bella.
Siento envidia de esa estrella
que me sonríe burlona
sabiendo que no podré alcanzarla
y regalártela como signo de mi amor.
Y la fe no me abandona
cuando espero agua de mayo en tu sonrisa,
no concibo tener prisa
cuando tú estás a mi lado.
Y si estoy equivocado
o voy a estarlo hasta las cejas,
me da igual si no te alejas
y me guardas un huequito en tu memoria.


La dieta de los disgustos

 Lagrimones por el filo de la cara,
dibujan surcos de impotencia desgarrada,
renegrones van dejando sobre la piel horadada
las señales imborrables de esta puta suerte insana.
Soy tu apoyo y me rechazas,
cada vez te veo más lejos y ya no sé lo que hacer,
es la culpa que atenaza
sentimientos encontrados imposibles de vencer.
Intento evadirme y disparo
sobre mi propio cadáver las palabras más hirientes,
no hay clemencia, ni reparo,
soy duro conmigo mismo, me niego a ser indolente.
Me atrinchero tras las sombras y me armo de paciencia,
para intentar comprender el porqué de esta encerrona,
ya no oculto mis desgracias, prefiero luz de evidencias,

aunque duela, ser sincero, curtirme como persona.

Rendición

Me entrego a ti sin oponer resistencia,
como el último salvaje en una selva devastada,
te doy mis ojos, mi sudor y mi consciencia,
a sabiendas de que no voy a obtener a cambio nada.
Esbozo un verso para ver cómo se pudre en el olvido,
trazo los planos de mi huida en trozos de papel mojado,
cuento los pasos con los dedos y me pierdo, pero sigo
calculando cómo hacer pa no llegar a ningún lado.
Las puertas que me han cerrado en las narices
las hostias que he chupao por no seguir las directrices
no son nada comparado con la angustia y la desgana que produce
encontrar cientos de sombras donde todos ven las luces
de un futuro más humano cuando llegue ese mañana
donde todos son felices y no mueren y no sufren”.
Mientras tanto,
exprimiré el último aliento,
le daré mi agua al sediento,
viviré a corazonadas.
Cambiaré caras de espanto,
de tortura y de tormento
por noches de cielo abierto
al calor de tu mirada.

May Day

 Llevaba la mirada ausente,
la cara, de haber visto un muerto,
las manos, los dedos, inertes,
apéndices de lo que era un cuerpo.
Vio sangre, escuchó llantos a su espalda,
se tapó los oídos pero le fue imposible
acallar el estruendo de la infamia,
creerse que las guerras son un mal inamovible.
Las ratas se multiplican cuando aflora la basura,
las órdenes derriban vidas cual piezas de dominó,
las armas no pacifican, no curan, ni sirven de ayuda

si no hay techo, ni comida, ni tampoco educación.